miércoles, 5 de febrero de 2014

Después de ver "La increíble vida de Walter Mitty"






El 2014 no está siendo muy simpático, definitivamente. Fui a ver una peli que se vendía como comedia yankee. Sí, Ben Stiller. ¡Y lo era! Desde el principio; pero, al final, hay otra cosa. 

Walter Mitty es un personaje con el que es muy fácil identificarse, muy tierno y, sobre todo, estereotipo de alguien que no puede adaptarse a la crueldad del mundo. En las últimas comedias que vi (ej: The internship), pareciera que los yankees no pueden hablar de otra cosa que no sea la recesión, el desempleo y la necesidad de sostener la esperanza. No puede triunfar el sueño americano al final como siempre porque nadie le perdonaría eso a una película que pone en escena la tragedia del desempleo. Ya no resulta gracioso ni siquiera parodiar el American Dream. 
El desafío que propone la película es pretencioso, porque quiere pensar cómo, desde el desamparo de un desocupado, desde la más cruda rudeza de haber sido despojado hasta la humillación, Walter es capaz de recoger aquellas pocas cosas que aún valen la pena, de redescubrir el mundo y redescubrirse en él.
Reducido a lo mínimo en un mundo administrado, un desempleado es sometido a una lógica extraña. Walter encarga el drama del "no soy y no puedo ser, porque no tengo lugar en el mundo de la producción". Por eso le es posible emprender un camino que roza los límites de la inverosimilitud. Se clausura la lógica del costo-beneficio. No sabe exactamente a dónde va, no sabe si encontrar a Sean lo ayudará y no tiene la más mínima certeza de estar en el camino correcto. No adminitra ni calcula, sólo se deja llevar por el impulso de una serie de eventos que, por momentos, creemos que sólo forman parte de su imaginación. 
Incluso en los paisaje más hostiles y rudos, va encontrando todo el tiempo impulso para continuar la búsqueda del negativo perdido de Sean. Pareciera que el camino lo lleva a recoger las ruinas de un mundo que aún se conserva digno. 
Despojado de todo, Walter es como los primeros hombres: sólo va tras el misterio. Quizás el negativo perdido sea una metáfora tierna -pero perfecta- de aquello que buscaba: lo que permanece tan cercano, tan evidente y tan oculto.

En uno de los diálogos finales -glorioso, por cierto-, Walter Mitty le dice a su jefe algo así como "ya sé que cumplís órdenes pero no es necesario ser tan imbécil". 
Walter entendió que las naturalezas más salvajes que recorrió son menos hostiles que la barbarie del hombre civilizado.
El hombre no debería ser lobo del hombre. Una muy linda película que habla de la crueldad desde una perspectiva muy tierna, y me hizo muy feliz ver escenificado en el film todo eso que estuve pensando estas últimas semanas.

Ani.

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